Casa MEG
Su forma pura y horizontal, definida por volúmenes blancos suspendidos,
transmite orden, silencio y estabilidad, generando una sensación de
refugio mental. Los grandes paños de vidrio disuelven los límites entre
interior y exterior, permitiendo que la luz, el paisaje y el tiempo entren
en la vida cotidiana, lo que provoca una experiencia de apertura,
contemplación y presencia.
En lo espiritual, esta arquitectura sugiere desapego de lo superfluo,
equilibrio entre materia y vacío, y una relación directa entre el ser
humano, la luz y el entorno natural. Es una casa que no solo se habita:
se siente, se respira y se aquieta.
