Casa TorreInteriores
Este interior se manifiesta como un vasto y sagrado receptáculo de luz, donde la compleja geometría facetada del techo actúa como un "cielo interno" que orquesta una danza continua entre lo material y lo inmaterial.
La luz cenital, fragmentada y derramada a través de las múltiples claraboyas cuadradas y rectangulares, no es simplemente iluminación, sino una presencia divina que purifica y sacraliza cada rincón del espacio. Los muros de un blanco inmaculado y el suelo de hormigón pulido eliminan cualquier frontera visual, invitando al habitante a un estado de expansión y quietud mental.


